Antes, parecía tener una visión súper clara de lo que iba a ser, no en términos laborales ni académicos, sino el tipo de persona que me gustaría encarnar. Tenía más o menos claro quiénes quería que fueran mis amigos y amigas, qué tipo de conversaciones tendría, los lugares que me gustaría visitar y, no sé, un sin fin de pequeños detalles que conformarían mi cotidianidad
No era una planificación exhaustiva ni nada por el estilo, de hecho, era un puro disparate en donde lo único que estaba claro eran esas cosas chicas que no determinan ninguno de los grandes sucesos de la vida y que, creo que por lo mismo, eran, para mí, las más importantes
Todo podía variar, la opción vocacional, la pareja, el lugar en el que se vivía, la condición socioeconómica, el tipo de ropa, la pinta, el largo y color de pelo, etc..
Pero creía que había un refugio que ya habíamos armado, cargado de independencia y de una potencialidad infinita de hacer lo que fuera que quisiéramos, y parecía que en cada experiencia el único patrón común era afirmar lo libres que éramos
De repente algo cambió. Esa autonomía dejó de ser tal y dio paso a unas especies de categorizaciones medio solapadas sobre todo. Ya no era chori no tener pareja, al contrario, daba la impresión que eso reflejaba una "incapacidad" vinculada a una serie de nociones tan propias del sicoanálisis.
Viajar sola empezó a ser una acción cada vez más denostada, y no faltaba nunca quien te recordaba los infinitos peligros que corrías sólo con imaginar ese viaje que soñabas.
La independencia y autosuficiencia se volvió una herramienta maléfica ante otras mujeres que veían en eso una especie de libertinaje que les aseguraba que saltarías sobre sus parejas sólo porque eran machos.
Ahora está mal estar sola. Ser soltera es casi una condena, un padecimiento que constatas cada vez que vas a algún carrete y terminas siendo como Briget Jones en la cena de parejas felices. Y si llegas a saber cuál fue mi última aventura, me miras con preocupación preguntándome porqué no me valoro más a mi misma y pienso en estabilizarme y formar algo con alguien.
Si sigues afirmando que te gusta lo que estudiaste, que es una lata el poco campo laboral pero que estás inventando algo pa poder ganar unas lucas, la mirada que te enjuicia se vuelve condescendiente y con sutileza el tema de conversación se entrampa en lo hippie que son algunos y cómo no tienen sentido de realidad, "por suerte no tienen hijos, imagínate lo que sería para ellos", agregan suponiendo que no has tenido la suficiente perspicacia para notar que están hablando de ti y no de otros.
Yo entiendo que el mundo o la sociedad sea así, básicamente porque nunca he esperado mucho de ellos más que el juicio demoledor. Lo que me duele y me desconcierta hasta el infinito es que somos nosotras, esas que precisamente apostábamos por una alternativa diferente a lo convencionalmente exigido, quienes unas a otras nos reducimos con razonamientos como estos.
Simplemente pareciera que nunca fuimos lo suficientemente fuertes como para contravenir todo un patrón cultural que, de mil y una formas, a diario nos bombardea para inyectarnos, con éxito hay que reconocer, una planificación detallada de nuestras vidas y opiniones..